Me ha tocado escuchar gente que cuenta recuerdos maravillosos de su vida en los años sesentas. Fueron años de rebeldia, de drogas y de liberación. Lo que más recuerda mi padre de aquella época es la llegada del hombre a la Luna y según el, el asesinato de Kennedy. Mi padre nació en 1960. Cuentan algunos de su edad que recuerdan muy bien aquella famosa nevada en la ciudad de México por ahi del 67, no estoy muy seguro de esta fecha. Esa maldita nevada cuyo regreso a mi ciudad natal siempre esperé en mi infancia y que ahora me he hecho a la idea de que nunca vendrá.
Los que nacimos en la región tropical poco familiarizados estamos con ese tipo de cambios tan drásticos en el estado de tiempo. Tenemos época de lluvias, calorcito en primavera y nos conformamos con cualquier suetercito durante el invierno. Nunca se nota una diferencia radical en las estaciones del año. Y aqui vienen mis reflexiones.
¿Por qué demonios decoramos nuestras casas época invernal con nieve y renos? No concebimos el invierno sin el pinito decorado y el Rodolfo de palitos en el jardín. Yo en la chingada vida he hecho un muñeco de nieve (y aqui van a salir mis lectores que pasaban sus vacaciones en Aspen o en Suiza a decir que si no los hacía era por que no quería), ni he visto un reno, ni tengo chimenea. A mi me causaba conflicto esto último -¿Y por donde va a entrar Santa si no tenemos chimenea?- preguntaba. Según mis padres para eso dejaban una ventana abierta. Valía la pena dormir con la casa llena de moscos para que el árbol navideño amaneciera con regalos.
Esa visión del invierno nevado, blanco, con renos pastando en nuestros jardines es la idea más absurda en nuestra realidad tropical. Aqui el invierno es un pinche nombre a los meses donde de repente se siente el friito. No hay mayor diferencia.
A mi me lateria ver un Santa Clos con Alushes o Chaneques de ayudantes. Que anduviera sin camisa y que fuera moreno y con huaraches. Saber que vive en Acapulco y que su transporte es una Chinampa voladora jalada por cacomixtles. Que en vez de muñecos de nieve tuvieramos unas muñecas de arena pechugonas con la cara de algun pariente o amigo, como cuando nos enterramos en la arena. Que Santa entrara a dejar los regalos por el chacuaco y los dejara debajo de la "Palmita navideña". Que los niños pusieran ahí su huarache en vez de una botita y le dejaran un buen mezcal y chapulines en vez de lechita y galletas. A lo mejor eso sería más familiar. Pero no, nos es menos ajeno un trineo que una chinampa, un duende que un alushe.
Tal vez si los paises poderosos estuvieran en el trópico las cosas así serían. Pero pobres de los niños de los paises del norte, vivirían esperando el invierno en que no nevará en la ciudad.
Nos vemos luego
viernes, 26 de junio de 2009
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